Calentando motores para la participación: cuando hay que establecer el diálogo antes de deliberar

En participación, el diseño metodológico marca la diferencia entre un proceso que funciona y uno que se queda a medias. Y hay una condición previa que a menudo damos por supuesta: que las personas convocadas puedan hablar entre sí. Cuando en un grupo hay desconfianza, prejuicios o distancia emocional, es mucho más complicado que la deliberación arranque.

Esta es la reflexión que nos llevamos del NECE Lab 2026, celebrado en Varsovia del 12 al 14 de julio, donde participamos junto a profesionales de la educación cívica de distintos países europeos. Durante tres días de formación intensiva, la New Community Foundation (NCF) de Polonia compartió su metodología de diálogos comunitarios, un formato que han probado en más de 120 encuentros con cerca de 1.700 participantes.

Estos diálogos no persiguen lo mismo que una asamblea ciudadana. No buscan producir decisiones colectivas: buscan reducir la desconfianza entre personas que piensan de manera diferente. Los resultados de su evaluación lo confirman: mayor disposición a escuchar, menos hostilidad hacia quienes sostienen posiciones opuestas y un sentido de comunidad más fuerte. Es decir, trabajan el terreno que hace posible que después haya deliberación.

Para nosotros, que llevamos años facilitando procesos participativos y deliberativos con niñas, niños, adolescentes y jóvenes, esto abre una vía complementaria muy útil. No sustituye los diseños orientados a la participación, sino que los prepara y refuerza. Nos aporta nuevas herramientas sobre para formular los temas de debate, fomentando la conexión y mitigando la polarización. Nos permite profundizar en la composición de grupos que reflejen diversidad de perfiles y opiniones, facilitando conversaciones donde las personas compartan experiencias en lugar de defender posiciones cerradas.

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