Andrés Falck y Marcela Guerrero



Gobiernos y agentes sociales locales son quienes se encuentran con la responsabilidad de gestionar respuestas tangibles ante grandes retos de la humanidad como el cambio climático, motivo suficiente para darles cabida en las mesas que deben consensuar las soluciones a estos problemas. En las últimas dos décadas, los territorios subnacionales han conseguido un protagonismo creciente en la esfera pública internacional, articulándose en redes que elevan su voz. Estas redes están sirviendo también para que los agentes locales intercambien conocimientos y buenas prácticas, mediante prácticas de cooperación descentralizada. Pero, ¿qué aspectos son los que definen el buen funcionamiento de una red de cooperación descentralizada?

El peso político de lo local ha crecido notablemente en las primeras décadas del siglo XXI. Un abanico de explicaciones permite comprender esta deriva, la más evidente de las cuáles es el proceso creciente de urbanización del planeta. A día de hoy, el área metropolitana de la ciudad china de Cantón tiene la misma población que España y la de Ciudad de México duplica en número de habitantes a Bélgica. Esta comparación nos permite entender el impacto que pueden tener las dinámicas políticas, sociales o medioambientales en el ámbito local. Por otra parte, mientras las ciudades crecen, los estados-nación, insertados en un proceso complejo de globalización de las reglas de juego, han visto disminuido su poder. La desafección política, tan bien conocida, abre la puerta a que nuevos agentes como los movimientos sociales o las instituciones subnacionales jueguen un papel más relevante.

Los gobiernos locales: más cercanos a la gente

La cercanía de la administración y la influencia de las identidades territoriales son aspectos que permiten que desde el ámbito local se innove en fortalecimiento democrático y cohesión social. En las últimas décadas, los gobiernos locales han tenido más éxito al ensayar fórmulas de ejercer el poder más participativas, inclusivas y plurales. La proximidad a la ciudadanía y sus organizaciones permite el establecimiento de diálogos sociales más eficaces y adaptados a las particularidades del territorio. Los procesos de descentralización administrativa que han avanzado en todo el globo desde el cambio de milenio han sido causa y consecuencia a la vez de estas tendencias.

Foto: Florian Wehde

El desplazamiento de poder político –entendido como capacidad de incidencia y cambio– hacia el ámbito local, no queda, sin embargo, constreñido territorialmente. Las instituciones y organizaciones sociales del ámbito subnacional, se alían en todos los ámbitos para intervenir en las agendas supralocales y globales. En la última década, ciudades y regiones de todo el mundo han sabido mantener estructuras de diálogo permanente que han resultado en aportaciones significativas en grandes consensos internacionales como la Nueva Agenda Urbana elaborada en el marco de Naciones Unidas, o la Agenda 2030 que incorpora de manera explícita a ciudades y asentamientos locales a través del ODS 11.

De lo local a lo global

Que los territorios subnacionales –desde el municipio a la región– forman parte de la agenda internacional, es ya una realidad. Los territorios se articulan en redes que permiten agregar de forma más eficiente lo que tienen en común, en el marco de su diversidad. Hay grandes retos del planeta que se afrontan ineludiblemente en el plano local, como la adaptación y mitigación del cambio climático, la lucha contra la pobreza y la exclusión, la prevención de riesgos derivados de los desastres naturales, el gobierno abierto y la profundización democrática, modelos de consumo locales y sostenibles o la provisión de servicios públicos esenciales. En consecuencia, las voces locales deben estar presentes en las mesas en las que se abordan estas cuestiones.

Las redes que dan encuentro a lo local tienen la fortaleza añadida de que, más allá de aglutinar una agenda política, permiten establecer en su seno relaciones de cooperación entre territorios. Esta cooperación descentralizada tiende a centrarse en la transmisión de herramientas y conocimientos para la gestión local de los grandes retos antes referidos.

La cooperación descentralizada para el desarrollo se refiere a las acciones de colaboración de la sociedad civil y los gobiernos subnacionales en favor del desarrollo humano y sostenible. Implica la incorporación de un mayor número de actores que la cooperación convencional entre países, permitiendo la inserción directa de profesionales, agentes sociales y equipos técnicos y políticos de los territorios involucrados.

La diversidad de actores que supone la cooperación descentralizada, ofrece la posibilidad de contar con una pluralidad de puntos de vista, experiencias y saberes. Dicha pluralidad es un elemento valioso para la construcción de un conocimiento holístico e integrador que favorezca actuaciones más eficientes y cercanas a las necesidades de las poblaciones. No obstante, este potencial de la cooperación descentralizada requiere de un ejercicio de articulación, diálogo, fortalecimiento del trabajo en red y gestión del conocimiento.

Foto: Julien de Salaberry

Cooperación descentralizada en red

Como en todo lo demás, cooperar en red requiere destrezas y prácticas que favorecen la calidad, equidad, eficiencia y transparencia en su gestión. ¿Qué aspectos son los que definen el buen funcionamiento de una red de cooperación descentralizada? Para responder a esta pregunta, entre los años 2017 y 2020, Coglobal ha desarrollado un programa de investigación en colaboración con redes como FAMSI, el Observatorio Internacional de Democracia Participativa, REAS Andalucía, Ciudades por el Comercio Justo, los Encuentros Ibéricos de Democracia y Presupuestos Participativos, entre otros. El estudio, encabezado por su investigador principal Álvaro Blanco, ha contado con el apoyo económico de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo.

Con el proyecto “Redes de conocimiento y cooperación descentralizada para el desarrollo humano local” se ha querido contribuir a mejorar las condiciones en que se producen los procesos de coordinación y transferencia de conocimientos de los agentes de la cooperación descentralizada en Andalucía, tanto públicos como del tercer sector.

A partir de entrevistas y espacios de encuentro, reflexión e intercambio, se ha logrado sistematizar algunas claves, herramientas y buenas prácticas, que contribuyen al fortalecimiento de las redes existentes en el territorio andaluz y que pueden ser de utilidad también para las redes de otros territorios. Cabe resaltar que el proceso de analizar las redes desde la perspectiva de las propias personas que las integran ha contribuido a su vez a que las redes participantes reflexionen sobre su propio funcionamiento.

¿Qué hemos aprendido?

A partir de este estudio, se identificaron siete claves, para optimizar la comunicación, coordinación y transferencia del conocimiento al interior de una red, así como un análisis transversal de su funcionamiento desde un enfoque de género.

Las 7 claves identificadas son:

  • Relación en red. Referida a las motivaciones que llevan a las entidades a conformar una red, por lo general estas motivaciones se relacionan con la búsqueda de un espacio común, la operatividad de los proyectos o el establecimiento de lazos de confianza con otras entidades. Todo lo cual implica una definición clara de las metas y objetivos de la colaboración.
  • Activación. El funcionamiento de la red requiere de estrategias que mantengan su dinamismo interno como la construcción de principios comunes y el compromiso de las entidades que la componen, contar con una agenda común, etc.
  • Cohesión. Las estrategias que facilitan la cohesión entre los miembros de una red incluyen los encuentros presenciales que favorezcan el establecimiento de lazos de confianza, contar con una figura coordinadora que facilite la interconexión, declaraciones y ejes fundacionales, espacios de trabajo en conjunto y la identidad social.
  • Comunicación. Un elemento clave para el buen funcionamiento de la red pasa por contar con un plan de comunicación y canales adecuados para la comunicación interna y externa.
  • Coordinación y estrategia. La estrategia de la red se basa en adecuar sus objetivos a la realidad concreta en la cual operan, incluye tanto las declaraciones que expresan la voluntad común de las entidades que integran la red, los acuerdos, los programas conjuntos y la coordinación sobre los procesos de cohesión y comunicación.
  • Recursos. Referida a los recursos materiales y de equipos de personas necesarios para el funcionamiento de la red.

Dimensión. Vinculada a la capacidad de extensión y el límite de crecimiento de una red.

La definición de estrategias de relación en red de los gobiernos y agentes sociales subnacionales, es hoy una necesidad difícilmente eludible. Las redes ofrecen el intercambio de conocimientos y buenas prácticas, otorgan capacidad de influir y conciliar con agendas supralocales y permiten la proyección del territorio propio. Las 7 claves expuestas son una herramienta para fortalecer estas estrategias de articulación. Todos estos contenidos se resumen en la guía audiovisual para la gestión de redes, que combina las líneas de análisis anteriormente descritas, con testimonios y experiencias de buenas prácticas.

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