¿Juventud apática o espacios que no invitan a participar?

Coglobal recibe un Premio Participa-Acció 2025 de la Generalitat Valenciana por Empaville, el juego de rol para la educación democrática

Con frecuencia escuchamos que la juventud no participa porque no le interesa la política, carece de compromiso o prefiere mantenerse al margen. Sin embargo, resulta difícil saber qué desmotiva a quienes nunca llegan a participar si sus voces rara vez están presentes en los espacios donde se diseñan los procesos porque muchas veces se construyen a partir de la experiencia y las expectativas de quienes ya están motivados, organizados o familiarizados con estos mecanismos.

En Coglobal llevamos años intentando mirar esta cuestión desde otro ángulo. Muchas personas jóvenes quizá no se acercan porque nunca han tenido una experiencia que les permita comprender en qué consiste participar, sentirse capaces de hacerlo y comprobar que sus aportaciones pueden influir en una decisión colectiva. Nuestra experiencia nos lleva a pensar que la motivación no siempre aparece antes de la participación. En ocasiones surge durante el propio proceso, cuando este resulta accesible, interesante y conectado con algo que importa.

Esta cuestión adquiere una relevancia especial durante la infancia, la adolescencia y la juventud. Los espacios abiertos y los órganos representativos cumplen una función fundamental, especialmente para quienes ya desean implicarse. Pero, al mismo tiempo, necesitamos crear experiencias que acerquen la participación a grupos más amplios y diversos.

Por eso, en buena parte de nuestros proyectos trabajamos con grupos completos de clase. Así, la experiencia llega también a estudiantes que quizá nunca se presentarían voluntariamente, que todavía no se reconocen como personas capaces de participar o que desconocen qué podrían aportar. Buscamos ofrecerles una primera oportunidad para desarrollar capacidades democráticas y, en algunos casos, descubrir una motivación nacida de la propia experiencia.

Ahora bien, trabajar con grupos completos amplía la diversidad de perfiles, pero esa presencia no garantiza por sí sola una participación inclusiva. En las aulas conviven liderazgos, silencios, desigualdades y posiciones periféricas. Algunas personas intervienen con facilidad; otras necesitan más tiempo, distintas formas de expresión o un clima de mayor confianza. Por eso, el diseño metodológico debe partir de esta diversidad y crear condiciones para que cada participante encuentre una manera de implicarse. Cómo se presenta la información, qué papel asume cada persona, cómo se distribuye la palabra o cómo se acompaña el desacuerdo puede determinar quiénes terminan participando y quiénes permanecen al margen. El proyecto Empaville nació precisamente de esta búsqueda: diseñar una experiencia accesible y estimulante en la que personas con motivaciones, experiencias y capacidades diferentes pudieran experimentar la participación en primera persona.

Un juego para experimentar la democracia

Empaville. El juego de la participación es un juego de rol, en el que recreamos un proceso de presupuestos participativos en una ciudad ficticia cuyos habitantes deben decidir cómo invertir unos recursos limitados.

Cada participante recibe un personaje con una historia, unas necesidades y unos intereses determinados. El grupo identifica problemas, formula propuestas, defiende prioridades, negocia y decide colectivamente cómo distribuir los recursos disponibles.

Cada elemento del juego responde a una intención metodológica. La ciudad ficticia permite tomar cierta distancia de los conflictos cotidianos. Los personajes invitan a poner en práctica la empatía y mirar la realidad desde perspectivas diferentes. La limitación de recursos obliga a establecer prioridades. La diversidad de necesidades hace necesario escuchar, argumentar y negociar. Finalmente, la decisión colectiva permite comprobar que las elecciones individuales tienen consecuencias para toda la comunidad.

De este modo, el juego propone vivir algunas de las tensiones, responsabilidades y posibilidades que forman parte de cualquier decisión democrática.

Quienes participan descubren que defender una propuesta exige comprender también las necesidades de otras personas. En ocasiones necesitan revisar sus preferencias iniciales, encontrar puntos en común o aceptar que una solución compartida puede ser diferente de la que cada cual había imaginado al comenzar. El desacuerdo forma parte del juego y, acompañado por una dinamización adecuada, puede convertirse en una oportunidad para escuchar, ampliar perspectivas y construir decisiones mejores.

Como suele decirse en este campo, “a participar se aprende participando”. Y para que ese aprendizaje sea inclusivo, hace falta una experiencia que permita intervenir, equivocarse, preguntar, contrastar ideas y comprobar que la propia voz tiene un lugar dentro del grupo.

Esto requiere mucho más que disponer de un juego atractivo o de una secuencia de actividades bien diseñada. La metodología ofrece una estructura, pero llevarla a la práctica exige saber leer lo que ocurre en cada grupo, ajustar los ritmos, acompañar los conflictos y generar condiciones para que quienes habitualmente intervienen menos puedan ganar confianza, presencia e influencia.

Llevar estos principios a la práctica sigue siendo un aprendizaje. Cada grupo plantea necesidades distintas y nos obliga a revisar las herramientas, los ritmos y las formas de acompañamiento. Una dinámica que abre la participación en un aula puede no funcionar del mismo modo en otra; una pregunta puede generar un diálogo muy enriquecedor o dejar fuera a quienes necesitan más tiempo y confianza para intervenir.

Por eso, además de seguir explorando metodologías basadas en la gamificación, el aprendizaje experiencial, el trabajo colaborativo y el diálogo entre perspectivas diversas, prestamos cada vez más atención a las habilidades necesarias para dinamizarlas. Observar cómo se relaciona el grupo, reconocer quiénes concentran la palabra, atender a los silencios, adaptar una actividad cuando no está funcionando y acompañar los desacuerdos forman parte de un trabajo que continuamos aprendiendo y mejorando con cada experiencia.

Las evaluaciones realizadas hasta ahora nos ofrecen algunos resultados esperanzadores. En los procesos participativos desarrollados por Coglobal se han observado avances en la escucha, la toma de decisiones y la percepción del alumnado de que puede contribuir a mejorar su entorno. También aparecen dinámicas de mayor integración de estudiantes que inicialmente ocupaban posiciones más periféricas dentro del grupo. Estos resultados nos ayudan a identificar elementos que funcionan y también nuevas preguntas y aspectos que necesitamos seguir revisando.

Premio Participa-Acció para Empaville

En este recorrido, Empaville ha recibido el 2.º Premio Participa-Acció 2025 de la Generalitat Valenciana, en la modalidad de Educación para la Participación Ciudadana. Entendemos este reconocimiento como una puesta en valor de la experiencia y, sobre todo, como un impulso para continuar profundizando en una forma de trabajo que busca acercar la participación a adolescentes y jóvenes desde el juego, la empatía, la deliberación y la construcción colectiva. 

Este reconocimiento a nuestro trabajo nos anima a seguir haciéndonos las preguntas que dieron origen al proyecto Empaville: cómo crear experiencias en las que personas con intereses, habilidades y motivaciones diferentes puedan encontrar su lugar; cómo conseguir que quienes nunca se habían imaginado participando descubran que tienen algo que aportar; y cómo transformar esa primera experiencia en una motivación genuina para continuar implicándose.

Quizá, entonces, la pregunta no sea únicamente por qué la juventud no participa. También necesitamos preguntarnos qué oportunidades estamos creando para que todas las personas jóvenes puedan experimentar la participación, reconocer sus capacidades y descubrir motivos propios para seguir haciéndolo. 

Más información

Nota oficial de la Generalitat Valenciana:

https://comunica.gva.es/es/detalle?id=399293758&site=373410423

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