De la creación del “Día de la Infancia y la Participación” a la petición de “material para un laboratorio, instrumentos para la escuela de música o material deportivo” transcurren seis años y muchos kilómetros, en concreto 9.436 que son los que dista al municipio de Puente Genil (Córdoba) de San José (Uruguay). Territorios sureños que tienen en común algo muy concreto: visibilizar las voces de los niños y niñas de su localidad a través del programa Ágora infantil.

Ágora Infantil arranca como un programa experimental en el curso 2014/15 tras un largo tiempo de reflexión y debate en el que el equipo de Coglobal, junto a las Universidades de Huelva y Málaga se propusieron reforzar los procesos de democracia directa con jóvenes y adolescentes en el territorio andaluz.

El objetivo del proyecto se identificó con claridad: convertir las aulas escolares en espacios deliberativos en los que el alumnado pudiera debatir sobre aquellas temáticas que resultaban de interés desde la política local. De este modo, a través de la facilitación y acompañamiento al grupo, las chicas y chicos decidían qué actividades realizar, cómo transformar su entorno y de qué manera querían transmitir sus ideas.

Primeras experiencias: su tiempo y sus espacios.

Los inicios del programa se centraron en propuestas que perseguían el liderazgo de las chicas y chicos en el uso de su tiempo libre. ¿Qué sentido tiene que una persona con 20 o 30 años más que yo decida qué actividad para niños se organiza en el pueblo? decía una chica de quinto de primaria del municipio de Ardales, localidad donde los grupos de 5º y 6º crearon la programación para el Día del libro.

Plantearles a los chicos y chicas qué quieren hacer en su tiempo libre es todo un acto revolucionario en la era del Fornite o los Amongst.

Pensar en grupo cómo organizar sus tiempos y a qué lo quieren dedicar, tiene como resultado ideas que van desde una carrera de sacos a una fiesta de la espuma, un futbolín humano o una discoteca infantil, tal y como resultó en el municipio de Puente Genil donde las chicas y chicos han organizado “El día de la Infancia”. Jornadas que se han organizado durante tres años consecutivos donde los menores elaboraban la programación y el Ayuntamiento cedía los espacios y recursos municipales necesarios.

Proporcionar al grupo estas herramientas y recursos municipales motivan a los jóvenes a participar e implicarse en su entorno, ya que estimula, como cita [1]Martínez Muñoz (2000) su energía frente al mundo como canal para explorar su identidad, viendo el trabajo en grupo como la oportunidad de demostrar su capacidad y sus primeras expresiones de autonomía.

A estas experiencias de programación de ocio le siguieron otras como diseñar espacios y entornos urbanos. De aquí salen propuestas como las de Secadero (Casares, Málaga), donde las chicas y chicos diseñaron el espacio del nuevo centro cívico que el Ayuntamiento ponía a su disposición (2016); la antigua biblioteca, transformada en un club social por las niñas y niños de Almáchar (Málaga, 2017), o los parques diseñados en Puente Genil en 2017 y 2021, donde el alumnado decidió cada detalle del entorno: tipo de mobiliario, colores del suelo, columpios o vegetación.

La concepción y el diseño de los espacios públicos por parte de la infancia dan lugar, en palabras de Alaparone, Rissotto & Tonucci (2002[2]) a una mayor facilidad para desenvolverse de manera segura y autónoma en los primeros años de vida, desarrollando destrezas y capacidades individuales, multiplicando y diversificando las experiencias de exploración, observación y reflexión que propicia una educación más sólida. De este modo dejamos de limitar la educación al ámbito exclusivo de la escuela enlazando el proceso de aprendizaje al entorno comunitario, abriendo las vallas de los parques, centros de ocio o bibliotecas, dando paso a la creatividad y construcción desde otras miradas.

Altavoces para primaria y secundaria.

Tras varios años de aprendizajes y consolidación del proyecto en distintas localidades, la intervención comienza a desarrollarse con un nuevo enfoque: trabajar más en los mensajes discursivos y en la argumentación de ideas a través de campañas de sensibilización e incidencia política. ¿Cómo?: mediante el desarrollo de campañas al vecindario por parte de los menores, de modo que el grupo pudiera exponer sus ideas, unificarlas, elaborar un discurso y decidir qué herramientas serían las mejores para llegar a más personas en su comunidad.

De esta manera nacen las campañas a favor de la limpieza viaria (Huelva, 2018), contra la violencia de género (a través de la Diputación de Córdoba desde el 2018 a la actualidad), a favor de reforzar la identidad territorial (con la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol Axarquía desde el 2018) o contra el acoso escolar (Huelva 2019), por citar algunas.

Si a través de las programaciones de ocio observamos la importancia de construir alternativas en su tiempo libre y en los diseños de espacios apreciamos el fortalecimiento del vínculo con la comunidad, mediante las campañas nos damos cuenta de la necesidad que tienen los menores de ser vistos. Salir de los espacios en los que de manera tradicional han sido agrupados y ser reconocidos e integrados en la ciudad a través de su presencia y discursos. Hablar en la tele local, participar en la radio, escribir una columna a un periódico o cortar un trozo de calle para llenarlo de imágenes y eslóganes con sus ideas, son algunas de las estrategias que los más pequeños han elegido para hacerse oír.

La riqueza de las campañas se encuentra en la habilidad que tiene el grupo desde edades tempranas para desarrollar lo que piensan y posicionarse ante algo que les preocupe. El acompañar sin juzgar se vuelve un reto, pero se convierte en la única vía para que las ideas salgan de clase, superando así al gran fantasma de ser aceptado/a por la persona adulta que lo conduce.

Intercambiando experiencias al otro lado del Atlántico.

Las voces de las chicas y chicos sonaron tan altas que llegaron al otro lado del océano, concretamente al departamento de San José, (Uruguay), donde desde la Escuela de Gobernanza se interesaron por replicar la experiencia en tres de sus escuelas. A través de un acuerdo con Coglobal se permitió lanzar la iniciativa en la que el alumnado pudiera designar con autonomía el destino de un presupuesto aportado por el gobierno local, orientado a mejorar la calidad de vida en sus localidades.

Para el desarrollo del proyecto se organizó una sesión previa de formación al equipo técnico municipal y al profesorado, de modo que conocieran de primera mano las herramientas, aprendizajes y reflexiones consolidados a lo largo de estos casi 10 años. Tras la formación y mediante un trabajo de seguimiento y coordinación, desde San José adaptaron la metodología a su contexto y necesidades, haciendo suya la intervención. En la ejecución tanto el equipo municipal como el profesorado tuvieron el papel de conducir las sesiones, elemento innovador que en versiones anteriores no se había contemplado.

El resultado del proyecto se traduce en que desde la escuela número 47 las chicas y chicos de la banda de música pueden tocar instrumentos nuevos, en la escuela 26 pueden volver a jugar gracias a los materiales deportivos y desde la escuela 59 ya disponen de instrumentos para el laboratorio que decidieron construir.

Fruto de esto, de sus buenos resultados y de la implicación del consistorio, el proyecto de Ágora Infantil ha sido declarado “Proyecto de interés nacional” por el Consejo Directivo Central de la Administración Nacional de Educación Pública (CODICEN).

¿Y ahora qué?

Tras estar en más de 70 localidades y haber trabajado con casi 3000 niños y niñas, lo que comenzó como un proyecto piloto es a día de hoy una metodología consolidada y reconocida. Hay más que indicios para pensar que a través de la voluntad política y una buena predisposición del profesorado, los chicos y chicas saben y quieren implicarse en política local.

En el estudio realizado por Nazly Albornoz, Patricia García y Mº sol Palacios, titulado: “la participación como mecanismo para favorecer el empoderamiento psicológico y la interacción positiva” extraemos las siguientes certezas:

  • La participación en el programa da lugar a un empoderamiento psicológico y de interacciones positivas entre los/as participantes: las chicas y chicos que pasan por el ágora infantil aumentan su percepción de influir en política local, a la vez que, a nivel grupal, se reducen las interacciones negativas.
  • Se incrementa el respeto en el debate y en la forma de decisiones colectivas. También han avanzado en su capacidad deliberativa e incrementado su habilidad argumentativa.
  • Los niños y niñas con perfiles de aislamiento e índices de popularidad medio tienden a participar y sentirse más integrados/as en el grupo.
  •  

Así mismo, en otro estudio realizado por el mismo equipo de investigadoras, titulado Estudio longitudinal de los efectos psicosociales de la participación política con escolares” destaca que:

  • La participación en un programa deliberativo de carácter vinculante fomenta un sentimiento de conexión con el grupo.
  • El trabajo autónomo y cooperativo promueve la confianza en sí mismos.

Consolidar los procesos participativos promovidos desde abajo es hoy una necesidad difícilmente eludible para luchar contra la desafección política. Enmarcar las necesidades de infancia y juventud como base de la agenda política fortalece la confianza y relación con la institución. El programa Ágora infantil se ofrece como herramienta para aquellas administraciones locales que opten por otras formas de hacer gobierno, priorizando la comunicación, escucha y confiando en la autonomía de la infancia para tomar decisiones.  

En resumen, este diseño no tiene solo lo bonito de trabajar con consciencias que están despertando, sino que también les regala fuerza, autonomía y habilidad para exponerse en público. Y no solo eso, sino que la experiencia nos ha demostrado que es aplicable a diversos contextos, temáticas e incluso culturas, pudiendo trabajar en el intercambio y transferencia de herramientas en el otro lado del océano.

Ágora infantil funciona en el municipio que está a 20km de tu casa y en aquel espacio al que llegas con 11 horas de vuelo y un par de transbordos y desde Coglobal estamos dispuestas e ilusionados/as por seguir trabajándolo, expandiéndolo y mejorándolo.


[1] MARTÍNEZ MUÑOZ, M., MARTÍNEZ TEN, A. Participación infantil en el tiempo libre. Reflexiones y experiencias, una mirada desde los adultos y la infancia. Editorial: Plataforma de Organizaciones de la Infancia. Madrid, 2000

[2] ALAPARONE, F.R. & RISSOTTO, A. (2002): Children’s Citizenship and Participation Models: Participation in Planning Urban Spaces and Children’s Councils. Journal of Community and Applied Social Psychology, 11, 421-434.

TONUCCI, F (2002): Ciudades a escala humana: La ciudad de los niños. Revista De Educación, 1, 147-168

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marzo 8th, 2022

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Extracto del artículo publicado en la revista Cuadernos Fronterizos de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (número especial de junio de 2021) bajo licencia de “Creative Commons Reconocimiento-No Comercial-Compartir Igual 4.0 Internacional”. 

La pandemia declarada en marzo de 2020 está dando lugar a una perturbación en las relaciones sociales. Por primera vez en tres décadas, el Índice de Desarrollo Humano experimenta un retroceso global. Aún siendo cierto que el virus de la COVID-19 no distingue entre clase, color o credo, las fórmulas adoptadas para combatirlo sí lo hacen, profundizando las brechas entre sectores privilegiados y vulnerables.

La pandemia resulta en una crisis nueva, con características específicas, junto a un recrudecimiento de las viejas crisis. En este contexto, se manifiesta la tentación muy humana de buscar salidas autoritarias, que se asocian con imaginarios de eficacia y certeza. En el presente texto argumentaremos que la evidencia empírica desacredita las soluciones verticales a la crisis. Por el contrario, esta puede ser una oportunidad para una reconstrucción participativa que, además, disminuya la desafección política. Proponemos hacer frente a las tendencias de involución democrática mediante fórmulas deliberativas con enfoque interseccional, activando procedimientos inclusivos de codecisión. De forma más concreta, aportaremos nuestra experiencia en la entidad social Coglobal, diseñando y evaluando procesos de democracia participativa juvenil con una base de representación aleatoria.

Democracia en retroceso y democracia en construcción

Tras tres décadas de expansión sin precedentes de la democracia representativa, se abre un período nuevo sin signos prometedores. Mientras la democracia se extendía, crecía la desconfianza social en las instituciones y en quienes las gestionaban. Recientemente ha dejado de ser infrecuente que las campañas de partidos intenten conectar con esa desconfianza popular, con candidatos que se autoproclaman no-políticos y hacen gala de desprecio a las reglas del juego institucional. Teniendo en cuenta que históricamente la democracia ha sido la excepción y no la norma, hay motivos para la inquietud. 

El cuestionamiento de las democracias actuales es un fenómeno global y que responde a causas diversas como la debilidad de lo político frente a lo económico, el desafío de la demarcación territorial de las comunidades democráticas o la desconfianza mutua entre administración y administrados (Engelken-Jorge & Cortina Oriol, 2016). Y se sumó la pandemia, y con ella se observa un auge del autoritarismo, legitimado socialmente por el miedo y la incertidumbre. La percepción de impotencia y vulnerabilidad puede conducir a la búsqueda de liderazgos más dominantes (Kakkar & Sivanathan, 2017), aunque sea a costa de una reducción de derechos democráticos. Esto sucede a pesar de que hay evidencias de que las democracias experimentan tasas de impacto menores que los regímenes autoritarios en casos de epidemias. El mundo, y América Latina con él, se encuentra en un escenario de retroceso democrático.

Con todo, la precariedad democrática da lugar a la incorporación de nuevos actores sociales (movimientos sociales y sociedad civil en general) y nuevas escalas geográficas (la irrupción de lo local) en la esfera pública, en lo que aparenta un cambio de cultura política de largo alcance (Engelken-Jorge & Cortina Oriol, 2016). Por otra parte, abre la puerta a la incorporación de innovaciones metodológicas y normativas basadas en la toma de decisiones por participación directa o en el sorteo, que permiten perfilar una contracorriente de redistribución de poder en nuestras sociedades.

Continuar leyendo el artículo completo aquí.

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diciembre 12th, 2021

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El proyecto Objetivo sostenibilidad combina estrategias de educación para el desarrollo y democracia participativa, con la finalidad de que niños, niñas y adolescentes (NNA), potencien su rol de agentes para una ciudadanía global y solidaria mediante acciones de participación para la divulgación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que componen la Agenda 2030. Podríamos decir que ésta, es una Agenda de cambio y los ODS que la componen, son objetivos globales, cuya implementación debe ser local y debe contribuir a la a coherencia en la toma de decisiones entre los diferentes niveles de la administración, asegurando que el aporte a los ODS en el territorio avanzará en su consecución a nivel provincial, con un impacto a su vez autonómico, estatal y a niveles globales.

Todo ello, requiere de la comprensión de realidades complejas, sus múltiples interrelaciones y un funcionamiento sistémico propio de este mundo globalizado. Por lo tanto, promover la aproximación a una visión “glocal” desde la infancia, a partir de vivencias participativas, favorece la generación de un capital social capaz de impulsar los cambios necesarios a partir de una visión global y compartida de la realidad. Con este fin, el proyecto OS! contribuye a que los niños aborden sus realidades diarias y se centren en los problemas globales y comunitarios. De este modo, los resultados obtenidos en las evaluaciones de cada una de las experiencias dentro del programa OS! registraron que NNA demostraron sentirse responsables de la transmisión de la importancia de alcanzar los ODS a su comunidad y  un aumento en el conocimiento sobre los ODS, vinculándolos con sus experiencias de vida y temas de algunas asignaturas escolares.

Ahora bien, sabemos que los gobiernos locales son vehículos indispensables en la implementación de una agenda global y transformadora como la Agenda 2030, debido a su cercanía con la ciudadanía y su capacidad para conocer las necesidades locales y ofrecer respuestas más acordes a su realidad y necesidades detectadas. Para ello, es necesario que los procesos de Localización de la Agenda 2030,  incorporen la voz de aquellos sectores tradicionalmente relegados de la esfera pública y abrir así una oportunidad para reorientar las prioridades y necesidades locales, hacia políticas públicas más integradoras.

Por lo tanto, la alianza con la administración pública, es un elemento central en un proyecto como OS!, que lo que busca es favorecer estos cambios,  empoderando a la ciudadanía desde la infancia, de manera que niños y niñas y adolescentes desarrollen sus capacidades y valores democráticos para el ejercicio de una ciudadanía activa, crítica, solidaria y responsable.

En efecto, los resultados obtenidos en las evaluaciones de cada una de las experiencias dentro del programa OS! demuestran su contribución para que niños, niñas y adolescentes incrementen su conocimiento político institucional y los valores para una cultura democrática. Con respecto a este último punto, se evidencia además el desarrollo de capacidades de escucha activa, argumentación y oratoria, así como de mediación y resolución de conflictos dentro de los grupos de participantes.

Estos procesos que se impulsan desde el programa OS!, permiten a su vez contrarrestar, a partir de una experiencia lúdica e innovadora, la desafección política, promoviendo un acercamiento de la población infantojuvenil con la administración pública y otras entidades locales. Se ofrece así una oportunidad para que niños, niñas y adolescentes construyan de manera colaborativa,  pequeñas acciones que puedan generar grandes cambios y ejercer su ciudadanía, adquiriendo el protagonismo necesario como agentes de cambio para el logro de un mundo más justo y sostenible.


Este artículo recoge los principales contenidos presentados por Coglobal, el pasado 20 de abril de 2021, en la conferencia final “¡Juntos es mejor! Cómo las alianzas innovadoras pueden fomentar un mayor impacto por la acción climática” organizado por el Fondo Andaluz de Municipios para la Solidaridad Internacional (FAMSI), en el marco del proyecto No Planet B. http://www.andaluciasolidaria.org/noticias/item/1496-no-planet-b-celebra-conferencia-final-los-dias-20-y-21-de-abril-juntos-es-mejor-como-las-alianzas-innovadoras-pueden-fomentar-un-mayor-impacto-por-la-accion-climatica

Fortalecer la democracia es una tarea urgente para la que necesitamos sumar fuerzas. Coglobal pone toda su energía en impulsar la transición hacia una democracia más participativa, experimentando con prácticas de participación en busca de fórmulas eficientes y replicables, poniendo el foco en la inclusión de los sectores de población tradicionalmente excluidos de las decisiones políticas. ¡Colabora para hacerlo posible!

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mayo 25th, 2021

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Gobiernos y agentes sociales locales son quienes se encuentran con la responsabilidad de gestionar respuestas tangibles ante grandes retos de la humanidad como el cambio climático, motivo suficiente para darles cabida en las mesas que deben consensuar las soluciones a estos problemas. En las últimas dos décadas, los territorios subnacionales han conseguido un protagonismo creciente en la esfera pública internacional, articulándose en redes que elevan su voz. Estas redes están sirviendo también para que los agentes locales intercambien conocimientos y buenas prácticas, mediante prácticas de cooperación descentralizada. Pero, ¿qué aspectos son los que definen el buen funcionamiento de una red de cooperación descentralizada?

El peso político de lo local ha crecido notablemente en las primeras décadas del siglo XXI. Un abanico de explicaciones permite comprender esta deriva, la más evidente de las cuáles es el proceso creciente de urbanización del planeta. A día de hoy, el área metropolitana de la ciudad china de Cantón tiene la misma población que España y la de Ciudad de México duplica en número de habitantes a Bélgica. Esta comparación nos permite entender el impacto que pueden tener las dinámicas políticas, sociales o medioambientales en el ámbito local. Por otra parte, mientras las ciudades crecen, los estados-nación, insertados en un proceso complejo de globalización de las reglas de juego, han visto disminuido su poder. La desafección política, tan bien conocida, abre la puerta a que nuevos agentes como los movimientos sociales o las instituciones subnacionales jueguen un papel más relevante.

Los gobiernos locales: más cercanos a la gente

La cercanía de la administración y la influencia de las identidades territoriales son aspectos que permiten que desde el ámbito local se innove en fortalecimiento democrático y cohesión social. En las últimas décadas, los gobiernos locales han tenido más éxito al ensayar fórmulas de ejercer el poder más participativas, inclusivas y plurales. La proximidad a la ciudadanía y sus organizaciones permite el establecimiento de diálogos sociales más eficaces y adaptados a las particularidades del territorio. Los procesos de descentralización administrativa que han avanzado en todo el globo desde el cambio de milenio han sido causa y consecuencia a la vez de estas tendencias.

Foto: Florian Wehde

El desplazamiento de poder político –entendido como capacidad de incidencia y cambio– hacia el ámbito local, no queda, sin embargo, constreñido territorialmente. Las instituciones y organizaciones sociales del ámbito subnacional, se alían en todos los ámbitos para intervenir en las agendas supralocales y globales. En la última década, ciudades y regiones de todo el mundo han sabido mantener estructuras de diálogo permanente que han resultado en aportaciones significativas en grandes consensos internacionales como la Nueva Agenda Urbana elaborada en el marco de Naciones Unidas, o la Agenda 2030 que incorpora de manera explícita a ciudades y asentamientos locales a través del ODS 11.

De lo local a lo global

Que los territorios subnacionales –desde el municipio a la región– forman parte de la agenda internacional, es ya una realidad. Los territorios se articulan en redes que permiten agregar de forma más eficiente lo que tienen en común, en el marco de su diversidad. Hay grandes retos del planeta que se afrontan ineludiblemente en el plano local, como la adaptación y mitigación del cambio climático, la lucha contra la pobreza y la exclusión, la prevención de riesgos derivados de los desastres naturales, el gobierno abierto y la profundización democrática, modelos de consumo locales y sostenibles o la provisión de servicios públicos esenciales. En consecuencia, las voces locales deben estar presentes en las mesas en las que se abordan estas cuestiones.

Las redes que dan encuentro a lo local tienen la fortaleza añadida de que, más allá de aglutinar una agenda política, permiten establecer en su seno relaciones de cooperación entre territorios. Esta cooperación descentralizada tiende a centrarse en la transmisión de herramientas y conocimientos para la gestión local de los grandes retos antes referidos.

La cooperación descentralizada para el desarrollo se refiere a las acciones de colaboración de la sociedad civil y los gobiernos subnacionales en favor del desarrollo humano y sostenible. Implica la incorporación de un mayor número de actores que la cooperación convencional entre países, permitiendo la inserción directa de profesionales, agentes sociales y equipos técnicos y políticos de los territorios involucrados.

La diversidad de actores que supone la cooperación descentralizada, ofrece la posibilidad de contar con una pluralidad de puntos de vista, experiencias y saberes. Dicha pluralidad es un elemento valioso para la construcción de un conocimiento holístico e integrador que favorezca actuaciones más eficientes y cercanas a las necesidades de las poblaciones. No obstante, este potencial de la cooperación descentralizada requiere de un ejercicio de articulación, diálogo, fortalecimiento del trabajo en red y gestión del conocimiento.

Foto: Julien de Salaberry

Cooperación descentralizada en red

Como en todo lo demás, cooperar en red requiere destrezas y prácticas que favorecen la calidad, equidad, eficiencia y transparencia en su gestión. ¿Qué aspectos son los que definen el buen funcionamiento de una red de cooperación descentralizada? Para responder a esta pregunta, entre los años 2017 y 2020, Coglobal ha desarrollado un programa de investigación en colaboración con redes como FAMSI, el Observatorio Internacional de Democracia Participativa, REAS Andalucía, Ciudades por el Comercio Justo, los Encuentros Ibéricos de Democracia y Presupuestos Participativos, entre otros. El estudio, encabezado por su investigador principal Álvaro Blanco, ha contado con el apoyo económico de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo.

Con el proyecto “Redes de conocimiento y cooperación descentralizada para el desarrollo humano local” se ha querido contribuir a mejorar las condiciones en que se producen los procesos de coordinación y transferencia de conocimientos de los agentes de la cooperación descentralizada en Andalucía, tanto públicos como del tercer sector.

A partir de entrevistas y espacios de encuentro, reflexión e intercambio, se ha logrado sistematizar algunas claves, herramientas y buenas prácticas, que contribuyen al fortalecimiento de las redes existentes en el territorio andaluz y que pueden ser de utilidad también para las redes de otros territorios. Cabe resaltar que el proceso de analizar las redes desde la perspectiva de las propias personas que las integran ha contribuido a su vez a que las redes participantes reflexionen sobre su propio funcionamiento.

¿Qué hemos aprendido?

A partir de este estudio, se identificaron siete claves, para optimizar la comunicación, coordinación y transferencia del conocimiento al interior de una red, así como un análisis transversal de su funcionamiento desde un enfoque de género.

Las 7 claves identificadas son:

  • Relación en red. Referida a las motivaciones que llevan a las entidades a conformar una red, por lo general estas motivaciones se relacionan con la búsqueda de un espacio común, la operatividad de los proyectos o el establecimiento de lazos de confianza con otras entidades. Todo lo cual implica una definición clara de las metas y objetivos de la colaboración.
  • Activación. El funcionamiento de la red requiere de estrategias que mantengan su dinamismo interno como la construcción de principios comunes y el compromiso de las entidades que la componen, contar con una agenda común, etc.
  • Cohesión. Las estrategias que facilitan la cohesión entre los miembros de una red incluyen los encuentros presenciales que favorezcan el establecimiento de lazos de confianza, contar con una figura coordinadora que facilite la interconexión, declaraciones y ejes fundacionales, espacios de trabajo en conjunto y la identidad social.
  • Comunicación. Un elemento clave para el buen funcionamiento de la red pasa por contar con un plan de comunicación y canales adecuados para la comunicación interna y externa.
  • Coordinación y estrategia. La estrategia de la red se basa en adecuar sus objetivos a la realidad concreta en la cual operan, incluye tanto las declaraciones que expresan la voluntad común de las entidades que integran la red, los acuerdos, los programas conjuntos y la coordinación sobre los procesos de cohesión y comunicación.
  • Recursos. Referida a los recursos materiales y de equipos de personas necesarios para el funcionamiento de la red.

Dimensión. Vinculada a la capacidad de extensión y el límite de crecimiento de una red.

La definición de estrategias de relación en red de los gobiernos y agentes sociales subnacionales, es hoy una necesidad difícilmente eludible. Las redes ofrecen el intercambio de conocimientos y buenas prácticas, otorgan capacidad de influir y conciliar con agendas supralocales y permiten la proyección del territorio propio. Las 7 claves expuestas son una herramienta para fortalecer estas estrategias de articulación. Todos estos contenidos se resumen en la guía audiovisual para la gestión de redes, que combina las líneas de análisis anteriormente descritas, con testimonios y experiencias de buenas prácticas.

Fortalecer la democracia es una tarea urgente para la que necesitamos sumar fuerzas. Coglobal pone toda su energía en impulsar la transición hacia una democracia más participativa, experimentando con prácticas de participación en busca de fórmulas eficientes y replicables, poniendo el foco en la inclusión de los sectores de población tradicionalmente excluidos de las decisiones políticas. ¡Colabora para hacerlo posible!

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marzo 8th, 2021

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Avanzar en procesos de empoderamiento que permitan desarrollar las capacidades propias para modificar situaciones individuales o colectivas es uno de los aspectos más relevantes para poder prevenir e intervenir en situaciones de violencia de género. ONU Mujeres sitúa como pilar estratégico en las políticas de prevención de la violencia, el empoderamiento de las mujeres a través del aumento de su participación y de sus capacidades de decisión en el ámbito público, en el familiar y en las relaciones personales. 

En el marco del programa de participación Ágora Infantil, Coglobal está desarrollando intervenciones orientadas a prevenir y sensibilizar en torno a la violencia de género. Su estrategia se fundamenta en facilitar procesos de empoderamiento de las personas adolescentes a través de su participación directa en torno a una iniciativa concreta de sensibilización que ellos mismos producen.

Los estudios más recientes sobre adolescentes y violencia de género coinciden en señalar que si bien hay un rechazo mayor del sexismo y la violencia de género entre los adolescentes, existe una percepción baja del riesgo de algunas conductas que se dan con el uso creciente de internet y las tecnologías de la información. El estudio “Menores y violencia de género” publicado por la Delegación del Gobierno contra la violencia de género (Díaz-Aguado,2020), en coherencia con lo formulado en el Pacto de Estado, concluye que es necesario intensificar las medidas de prevención frente a formas de ciberviolencia tales como sexting, grooming o stalking. Hay tres aspectos que recoge este estudio que consideramos de especial relevancia: el primero, hace referencia a la necesidad de prevenir desde la infancia, adecuando las estrategias a las distintas franjas etarias; el segundo, identifica los centros educativos como un ámbito prioritario de intervención en tanto que agentes educativos y espacios preferentes de socialización entre iguales; el tercero plantea la necesidad de desplegar la estrategia de prevención a través de la alfabetización digital, favoreciendo un uso crítico y saludable de las redes sociales y evitando prácticas de riesgo. Estos tres componentes son desarrollados en el programa Ágora infantil.

El Estudio “La evolución de la adolescencia española en la igualdad y la prevención de la violencia de género” (Díaz- Aguado, 2014) propone utilizar metodologías participativas y cooperativas para que las personas adolescentes hagan sus propias propuestas para erradicar la violencia de género. Entre los resultados de dicho estudio se recoge que las relaciones de amistad suelen ser el medio más empleado por las adolescentes para pedir ayuda en una situación de violencia. Por tanto, en el marco de una política de prevención en el aula “conviene promover dichas relaciones a través del aprendizaje cooperativo”, de modo que se contribuya a una cultura igualitaria.

En coherencia con lo expresado hasta aquí, el programa Ágora Infantil sitúa al alumnado como protagonista de su propio proceso de aprendizaje. El alumnado adquiere un rol activo en las sesiones en las que propone, debate y toma decisiones en torno a una acción de sensibilización que se desarrollará con posterioridad. Se parte de la premisa de que a través de metodologías participativas que estimulan la curiosidad y la actitud investigadora, conectan la vivencia personal con la reflexión y la acción colectivas y emplean el juego, se activan procesos de aprendizaje más significativo. De este modo, las habilidades, actitudes y valores democráticos e igualitarios que se aprenden desde la práctica concreta en el aula, se interiorizan y pueden extrapolarse a otras situaciones cotidianas de la vida del alumnado.

Ágora infantil propone la participación como estrategia para facilitar el empoderamiento de las personas adolescentes. El empoderamientoes un proceso mediante el cual personas, organizaciones y comunidades adquieren o potencian las capacidades de controlar o dominar sus propias vidas, o el manejo de asuntos y temas de su interés, para lo cual es necesario crear las condiciones que faciliten ese fortalecimiento” (Rappaport, 1981).

Las sucesivas evaluaciones del programa Ágora infantil que desde 2014 Coglobal ha realizado en colaboración con la Universidad de Málaga y la Universidad de Huelva, han dado resultados que corroboran que el uso de determinadas metodologías participativas favorece el desarrollo de formas de relación más igualitarias, así como habilidades de participación y liderazgos más horizontales y cooperativos. Resumimos a continuación sus resultados más destacados en relación a la promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de las chicas:

  1. En relación al empoderamiento intrapersonal, que es aquel que hace referencia a la autoeficacia o percepción de las competencias propias de que se dispone para influir en el contexto y cambiarlo, el programa Ágora Infantil ha tenido efectos positivos. Así, tanto chicos como chicas tras su participación en el programa aumentan su sensación de empoderamiento, pero teniendo en cuenta que las chicas parten de una percepción de empoderamiento más baja, el efecto es igualador desde una perspectiva de género.
  2. Sobre el empoderamiento conductual, que es aquel que está relacionado con la disposición a emprender acciones que produzcan cambios en el contexto en el que se vive, las chicas que han participado del Ágora infantil muestran una mayor voluntad de participar en acciones de toma de decisiones en su contexto específico.
  3. Sobre los liderazgos en los grupos, en aquellos que han participado del programa Ágora infantil, se han propiciado liderazgos más horizontales y cooperativos y se han incorporado lideresas con mayor intensidad que en los grupos que no han participado del programa.
  4. Sobre las relaciones en los grupos, al término de la ejecución del programa se identifican dinámicas relacionales más horizontales, democráticas, integradoras e igualitarias entre chicos y chicas.

Con conclusión, podemos señalar que la utilización en el aula de determinadas metodologías participativas y lúdicas para abordar temáticas como la violencia o la ciberviolencia de género, más allá de permitir una aproximación a los conceptos, permite reflexionar desde lo vivencial tanto a chicos como a chicas sobre los valores y normas de género que operan en las relaciones entre iguales y posibilitar caminos y habilidades para cambiarlas desde un planteamiento democrático.

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diciembre 4th, 2020

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La crisis sanitaria ha provocado una crisis multifacética que se expresa en lo social, lo económico y lo político. Las medidas de distanciamiento social, tan necesarias para frenar la pandemia y garantizar la seguridad sanitaria, también pueden tener efectos negativos en las redes comunitarias y la función de vertebración social que estas desempeñan. Por tanto, uno de los retos que tenemos es responder a la pregunta de cómo combinar la seguridad y las medidas excepcionales que se requieren para hacer frente a una pandemia con altas cotas de participación que contribuyan a la convivencia democrática y la inclusión.

¿Qué ha ocurrido con la participación ciudadana en el contexto COVID?

Se ha producido una oleada de participación ciudadana que ha tomado cuerpo a través de iniciativas de carácter solidario activadas para dar respuesta a las situaciones de emergencia vividas en pueblos y ciudades. Iniciativas de distribución de alimentos, de producción de mascarillas o redes de apoyo mutuo entre vecinos y vecinas han sido algunas de las actividades que han emergido a iniciativa ciudadana. Iniciativas que tanto en el ámbito digital como presencial han evidenciado que valores como la reciprocidad, el apoyo mutuo o la solidaridad operan con fuerza y son motores de participación ciudadana y organización social. El aplauso colectivo que todos los días desde los balcones se realizaba a todos aquellos que estaban en la primera línea frente a la pandemia, es la imagen más explícita y bella de esto.

En el ámbito institucional se ha producido un proceso de recentralización de toma de decisiones y se ha instalado un enorme grado de incertidumbre respecto a las políticas de participación ciudadana. Desde Coglobal hemos identificado cuatro tendencias presentes en los gobiernos locales respecto a esta política pública:

Ha habido dos tendencias con idéntico resultado, aunque con argumentaciones justificativas diferentes. Ambas han consistido en paralizar los procesos locales de participación que estaban en marcha. Los gobiernos locales que se han situado en la primera de ellas, lo han hecho justificándose en las limitaciones a la participación presencial que suponen las medidas de distanciamiento social. La segunda tendencia ha argumentado que en tiempos de crisis los recursos han de movilizarse para atender las situaciones de emergencia y que las políticas de participación ciudadana no lo son.

La tercera tendencia identificada ha orientado sus prioridades a repensar la estrategia de participación, partiendo de la hipótesis de que la crisis sanitaria va a transformar de manera profunda no solo las formas de relacionarse sino las prioridades y estrategias de gobernanza. Estos procesos de debate no han concluido, por tanto, es pronto para realizar valoraciones, aunque sí podemos aventurar cierta falta de concreción.

La cuarta tendencia ha apostado por la continuidad de los procesos, pero adaptando sus calendarios y metodologías a las limitaciones de la actual situación. La participación digital y el desarrollo de metodologías adaptadas a las características específicas de los entornos digitales se ha extendido, abriendo un nuevo ámbito de experimentación y debate.

Ante este panorama, ¿qué podemos hacer para que las políticas de participación ciudadana no queden orilladas por la política de lo urgente?

Primer Reto: consolidar la participación ciudadana como política pública clave para un desarrollo sostenible e inclusivo.

La Agenda 2030 supuso un avance sustancial en lo que a reconocimiento institucional de la participación como política pública se refiere. A este reconocimiento se han sumado multitud de instituciones que están repensándose desde parámetros y experiencias que contribuyen a nuevas formas de gobernanza democrática. No obstante, la crisis sanitaria ha acentuado a nivel global la tensión existente entre la deriva autoritaria y las apuestas democráticas. Consolidar las democracias desde estrategias participativas y de colaboración ciudadana- ciudadana y ciudadana- institucional, puede contribuir a mejorar la convivencia y a fortalecer los lazos comunitarios, en un contexto que exige comunidad para contrarrestar la atomización agudizada por el distanciamiento social. Construir un estado de opinión favorable a la participación ciudadana como política estratégica pero también como política de emergencia frente al autoritarismo y la desvertebración social, es una tarea urgente.

Segundo Reto: incorporar la participación ciudadana como componente articulador de la estrategia de recuperación post-COVID.

Ahora, que en todos los niveles administrativos se están confeccionando acuerdos políticos para la recuperación post- COVID, sabiendo que los efectos económicos y sociales serán de dimensiones devastadoras, la ciudadanía no puede ser ajena a este proceso. Definir la estrategia de recuperación puede ser una oportunidad para hacer un ejercicio de deliberación pública amplia, que incorpore en el debate a la ciudadanía, a los sectores sociales más golpeados por la crisis sanitaria y sus efectos.

Las estructuras de participación ciudadana en los momentos más complicados de la primera fase de la pandemia acompañaron a los gobiernos locales, dando respuestas rápidas a situaciones de auténtica emergencia social. Incorporar a los actores sociales que están involucrados en estas pero también a los que no lo están, en los debates y toma de decisiones que afectarán a cómo vivimos y de qué vivimos en los próximos años, contribuirá a garantizar que las estrategias de recuperación sean inclusivas, no dejen a nadie atrás, sean sólidas, sostenibles y viables.

Tercer Reto: adecuar las metodologías a entornos digitales que han venido para quedarse.

La participación en entornos digitales ya era una realidad antes de la pandemia, especialmente para las generaciones más jóvenes. La crisis sanitaria no ha hecho sino acelerar el proceso de alfabetización digital, extendiendo el uso de las redes como forma cotidiana de relacionarse con otros y de participar en la comunidad virtual. Este proceso de extensión del uso de las tecnologías digitales con fines de participación social no está exento de dificultades. Del mismo modo que en los procesos presenciales se producen sesgos de participación (de género, de clase, de edad, etc.), esto también sucede en los procesos digitales. En uno y otro caso existen brechas que nos invitan a reflexionar sobre cómo ensayar con metodologías que permitan avanzar hacia procesos cada vez más inclusivos, en una u otra modalidad.

Esta reflexión ha de partir necesariamente del análisis de las características de los entornos digitales, de los usos diversos que la ciudadanía hace de las distintas redes sociales, del alcance que estas tienen y de las formas de debate y participación a las que son más permeables. Por ejemplo, la inmediatez y temprana caducidad de los temas que generan interés, así como la sofisticación de las estrategias de comunicación que se ponen en juego, nos sitúan en un escenario de intervención en el que las metodologías no pueden ser transferidas y reproducidas de manera mecánica de un entorno a otro.

En definitiva, toca construir comunidad, en los entornos que la pandemia nos deje, pero construir comunidad al fin y al cabo, porque es en ella donde los miedos y dificultades pueden tornar en esperanzas y propuestas.

Fortalecer la democracia es una tarea urgente para la que necesitamos sumar fuerzas. Coglobal pone toda su energía en impulsar la transición hacia una democracia más participativa, experimentando con prácticas de participación en busca de fórmulas eficientes y replicables, poniendo el foco en la inclusión de los sectores de población tradicionalmente excluidos de las decisiones políticas. ¡Colabora para hacerlo posible!

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noviembre 30th, 2020

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Nuestro sistema alimentario está estrechamente relacionado con el cambio climático, y ambos con nuestra salud. La forma en que producimos y consumimos lo que comemos puede incluso detonar la aparición de las pandemias, debido a la alteración del equilibrio entre las comunidades humanas y la naturaleza. Que nuestro menú diario se produzca de forma saludable en el lugar en que vivimos, puede ser una de esas pequeñas acciones que generan grandes cambios globales.

Foto: Mário Rui André

¡Vuelve al barrio!

En las últimas semanas ha pasado por los medios de comunicación autoridades políticas de todos los colores destacando que debemos comprar en el comercio local. José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid, que declaraba que es una “necesidad imperiosa” que vayamos a comercios de barrio. Poco después, la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, hacía declaraciones públicas similares y animaba a sus convecinos a no comprar en Amazon. Esta posición fue sostenida también por Anne Hidalgo, alcaldesa socialista de París.

Son muestras de una tendencia relacionada con la emergencia sanitaria. La escala de lo local recobra importancia por diversos motivos, de los cuales el más evidente está en las limitaciones extraordinarias a la movilidad. En los últimos meses, la proximidad ha sido una de las claves de las redes de apoyo comunitarias e institucionales que han impulsado repartos de alimentos, ayuda a personas dependientes, prevención de violencia de género en hogares confinados, etc.

Un segundo motivo de este retorno a lo local tiene que ver con la debilidad de la cooperación entre países durante la crisis. Ante un problema indiscutiblemente global, nos hemos encontrado con respuestas de aislamiento político de los estados, el cierre de fronteras y un incremento de disfuncionalidad de las instituciones multilaterales. El alcance sistémico del escenario COVID-19 parece deberse más a la deficiente gobernanza de la pandemia que al patógeno mismo.

Todo ello ha incrementado el protagonismo de las administraciones públicas más cercanas a la población: el problema global ha exigido respuestas locales. Se rescata el viejo eslogan.

Con todo, por lo que vemos, las medidas de las administraciones locales se caracterizan por su carácter paliativo. Las políticas de cobertura sanitaria, protección social, ayudas a sectores económicos y al empleo son altamente demandadas y sin duda esenciales. Junto a estas medidas urgentes, los gestores locales tienen ante sí la oportunidad de repensar las estrategias territoriales de desarrollo, aprendiendo de lo sucedido en este funesto 2020, y alejando la visión de la crisis actual como un episodio puntual. Algo que pasa una vez en la vida, pero esa tesis que parece demostrarse infundada.

La relación sistémica entre alimentación, cambio climático y salud

Mucho se ha hablado este año sobre las estrechas relaciones que hay entre el modelo global de explotación de los recursos naturales, el cambio climático y la aparición de brotes pandémicos. Estos aparecen con cierta frecuencia (cinco en los últimos 20 años), aunque desde el VIH-SIDA ninguno había afectado tanto a los países más desarrollados. Se ha subrayado que la génesis de una pandemia como la del coronavirus no era un acontecimiento imprevisto, al igual que ya se identificado la necesidad de crear una fuerza de choque internacional antipandémica.

Hemos comprobado en primera persona que los pronósticos eran ciertos y el brutal impacto colateral en la economía, el empleo y el bienestar social del virus. La pregunta es: ¿esta experiencia nos llevará a cambiar nuestros hábitos de producción y consumo? Así reflexionaba Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Veamos el caso de los sistemas alimentarios, hoy  altamente industrializados.

Estamos ante cadena de producción-consumo-residuos que está entre las que más inciden en el cambio climático y la degradación del medio ambiente. Así lo afirma la Red de Ciudades por la Agroecología, que destaca el potencial de comunidades y gobiernos locales para cambiar esta lógica con medidas de planificación territorial y participación ciudadana. Esta observación, compartida por la Comisión Europea y concretada en la estrategia De la granja a la mesa del Pacto Verde Europeo, y por Naciones Unidas en la Nueva Agenda Urbana, conduce a la idea de transición entre sistemas alimentarios con un rol protagonista del territorio.

Gráfico tomado de Begoña Rodríguez Pecino (Ayuda en Acción)

Territorios por la transición alimentaria

En 2015, una convención de alcaldes lanza el Pacto de política alimentaria urbana de Milán que plantea un cambio sistémico que, de manera resumida, está orientado a

  1. la promoción de dietas sostenibles y mejora de la nutrición,
  2. asegurar la equidad social y económica en el acceso a la alimentación sana,
  3. promover la producción alimentaria local y ecológicamente sostenible,
  4. mejorar el abastecimiento apostando por cadenas cortas de distribución y comercio local, que reducen las emisiones y los residuos,
  5. limitar los desperdicios de alimentos mediante la sensibilización y la recuperación,
  6. una gobernanza abierta, integradora y participativa con un fuerte enfoque estratégico.

Más de 200 ciudades del mundo son firmantes del Pacto y sus objetivos cobran mayor pertinencia a la luz de la experiencia COVID-19. Este acuerdo es un reflejo más del  interés creciente que han mostrado los gobiernos locales en los hábitos de producción y consumo alimentario –interés que ha crecido durante la crisis. Huertos urbanos y escolares, agricultura ecológica, recuperación del cultivo de especies endógenas, certificaciones de origen, son tendencias en el ámbito de la producción. Mercados de productores ecológicos, valorización del producto de cercanía y temporada, cooperativas de consumidores, son algunas de las preferencias que se observan en el ámbito del consumo.

Los gobiernos locales están cada vez más presentes en este ciclo de la alimentación, cediendo terrenos, promocionando a productores locales, facilitando espacios de venta o apoyando campañas de nutrición saludable. Estas son algunas de las acciones que promueven distintas áreas de los gobiernos locales, que dan respuesta a demandas sectoriales en ámbitos como la educación, la producción, el comercio, la salud o el planeamiento urbano.

Foto Markus Spiske

El contexto permite proponer un objetivo político compartido: dar continuidad de esta tendencia de cambio, reforzándola con visiones estratégicas más sólidas que tiendan a Sistemas Alimentarios Territorializados. Necesitamos conectar a consumidores, productores, distribuidores y autoridades locales, junto con otros agentes, para concretar pasos hacia una alimentación basada en la cercanía, sostenibilidad, inclusión, participación y justicia alimentaria.

La participación ciudadana para un nuevo modelo

Todo cambio en las lógicas de desarrollo tiene ante sí un reto inicial: definir quiénes serán los agentes que lo impulsen y cómo se alcanzan los consensos sociales que lo legitimen. La transición hacia un modelo de alimentación con un fuerte sustento en lo local requiere en primer lugar deconstruir la cultura precedente. Durante décadas se ha considerado a la comida procesada e industrial como paradigma de modernidad. Igualmente hay que afrontar el hecho de que los sectores sociales con menos renta encuentran en los alimentos ultraprocesados un acceso más económico a las calorías diarias.

Mediante procesos participativos e inclusivos podemos abrir paso a nuevos imaginarios en torno a los alimentos que prioricen la salud, la sostenibilidad, la cercanía, la trazabilidad y la estacionalidad. Y buscar los mecanismos para un acceso igualitario a los alimentos con estas características.

Para todo lo anterior, y desde la óptica de los gobiernos locales, se pueden aplicar medidas que impulsen una alianza social extensa por la transición hacia un sistema alimentario territorializado:

  • Dialogar con agentes clave, trenzando las propuestas de cambio con la generación de beneficios para consumidores, productores y distribuidores. Incorporar al diálogo a otros sectores de la comunidad que puedan fortalecer las políticas locales de alimentación: organizaciones de la sociedad civil, investigadores, sanitarios, educadores, servicios sociales, etc.
  • Actuar desde el ejemplo en la institución local, buscando centralidad estratégica y transversalidad operativa para la transición alimentaria. Ofrecer formación a los equipos técnicos implicados, dotar las medidas con los recursos necesarios y aplicar al funcionamiento interno de la institución los mismos criterios que espera fortalecer entre la ciudadanía (política de compras ética y responsable).
  • Implicar a la ciudadanía y al tejido asociativo, mediante la información, la consulta y la participación. Otorgar protagonismo a la comunidad en la sensibilización, capacitación y seguimiento de las medidas tomadas por las instituciones.
  • Integrar a las generaciones más jóvenes en la apuesta por el cambio, dándoles un rol visible en acciones de educación generadas desde el ámbito escolar y dándoles voz en el diálogo político.
  • Evaluar los resultados de las medidas tomadas de forma rigurosa y transparente.

Estos pasos nos pueden acercar a la transición hacia un modelo de alimentación que ofrece salud y solidaridad intergeneracional. Se trata de un reto tan necesario como innovador, cuyo abordaje seguramente dará lugar a errores e imprevistos que habrá que analizar y corregir. Lo que nos jugamos hará que el esfuerzo merezca la pena.

En próximos días Coglobal y el Ayuntamiento de Alcorcón darán inicio al proyecto Comer Local. Este proyecto cuenta con la cofinanciación y la colaboración de la Fundación Daniel y Nina Carasso y tiene por objetivo el establecimiento de mecanismos inclusivos de participación ciudadana para favorecer un sistema local de alimentación saludable y sostenible. Con Comer Local queremos propiciar un contexto favorable para una gobernanza de sistemas de alimentación sostenible a partir de la promoción la participación ciudadana y el diálogo de agentes sociales y económicos, en los cuales se reconozca y fortalezca el rol de la ciudadanía para reorientar los modelos de producción y consumo hacia un sistema más sostenible.

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noviembre 25th, 2020

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El programa Objetivo Sostenibilidad se ha desarrollado en más de 20 municipios de Andalucía y Murcia. Los resultados obtenidos hasta el momento muestran su eficacia contribuyendo desde la infancia a la conformación de una ciudadanía global, solidaria, activa, crítica y responsable.

Desde un enfoque integral participativo y de género, OS! ha demostrado favorecer la sensibilización de niñas, niños y adolescentes (NNA) sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), abriendo canales para la participación en políticas públicas y la comunicación para el cambio social y mediante campañas de sensibilización diseñadas por los distintos grupos de participantes. De esta manera, OS! busca favorecer el empoderamiento individual y social de niños, niñas y adolescentes.

Dentro de los principales resultados obtenidos a partir de la ejecución de este programa durante el 2018-2019 encontramos los siguientes:

Acercar a los menores a su administración:

OS! contribuyó a que NNA se sintieran escuchados por sus representantes políticos y conozcan las actuaciones que contribuyen a alcanzar los ODS desde su Ayuntamiento.

Empoderamiento de niños, niñas y adolescentes participantes:

Los resultados obtenidos registran un incremento en el conocimiento político institucional y los valores para una cultura democrática. Se evidencia además el desarrollo de capacidades de escucha activa, argumentación y oratoria, así como de mediación y resolución de conflictos dentro del grupo. Asimismo, se registraron mejoras en la capacidad de autogestión, ya que NNA demostraron sentirse responsables de la transmisión de la importancia de alcanzar los ODS a su comunidad. Este empoderamiento fue notable también en el desarrollo de habilidades para la comunicación de sus ideas, llevando a que diseñaran mensajes con preguntas y reflexiones sobre los ODS para transmitir a través de vídeo-cápsulas y en campañas de sensibilización que cerraron el programa. 

Incremento del conocimiento sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible – ODS:

Se observó que hubo un aumento en el conocimiento sobre los ODS, el cual se expresó tanto en los cuestionarios diseñados para evaluar este incremento como en la incorporación de los mismos en sus discursos. De este modo, en el marco del proyecto, se condujeron debates que tuvieron cada vez más profundidad ya que vinculaban los ODS entre sí, con sus experiencias de vida y con temas de algunas asignaturas. 

Para el presente curso 2020-2021, el programa OS! continuará sensibilizando a niños, niñas y adolescentes con los Objetivos de desarrollo Sostenible en la ciudad de Córdoba; abriendo un canal para la participación infantojuvenil en la difusión y localización de los ODS, favoreciendo su empoderamiento individual y social y contribuyendo a la promoción de Córdoba como municipio amable con la infancia.

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noviembre 17th, 2020

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Los programas de participación ciudadana local orientados la población más joven, además de ampliar la apertura de los gobiernos a voces tradicionalmente ignoradas, permite ensayar transformaciones en nuestro modelo de convivencia democrática y propiciar relaciones sociales más inclusivas y igualitarias.

Es cada vez más frecuente que gobiernos locales en todo el mundo, pongan en marcha dispositivos de consulta y diálogo con población infantil y juvenil. Son iniciativas que responden al mandato de la Convención sobre los Derechos del Niño aprobada en 1989 por Naciones Unidas, que dispone en su artículo 12 el derecho de la población menor a ser escuchada por la administración y tenida en cuenta en aquellas cuestiones que les afectan. Es frecuente que los espacios de participación de niñas, niños y adolescentes (NNA) sean diseñados a imagen y semejanza de las estructuras de decisión política del mundo adulto, que pone el peso en los mecanismos de representación del conjunto de población menor por parte de un foro electo, voluntario o designado. Algunos diseños experimentales han puesto el acento en el carácter inclusivo de la participación de NNA –nutriéndose de las propuestas normativas de la democracia participativa– de los cuales se extraen aprendizajes inspiradores que muestran un potencial de cambio en los modelos de convivencia democrática.

La convivencia en un marco democrático inclusivo es uno de los pilares de la construcción de territorios de paz, si esta se entiende desde una óptica no reduccionista a la oposición a los escenarios de violencia. El ejercicio de una ciudadanía que iguala a las personas en sus derechos económicos, sociales, culturales y ambientales (DESCA) se apoya en la capacidad de cualquier integrante de la comunidad de influir en los procesos públicos de toma de decisión. En el caso de NNA, la mera consideración de incorporarles al coro de voces de la gobernanza resulta, por comparación, una acción inclusiva. Más allá de esto, la población NNA tiene la particularidad estar organizada en torno a la actividad escolar (al menos en aquellos territorios de escolarización normalizada y de acceso gratuito), lo que permite experimentar con relativa facilidad con fórmulas de democracia inclusiva, que se apoyan en la participación grupos de composición aleatoria: las aulas escolares. 

Desde 2014, Coglobal ha diseñado, dinamizado y evaluado experiencias de participación institucional con NNA, unos basados en el modelo representativo y otros basados en el modelo inclusivo. Con este último modelo, hemos intervenido en más de 60 municipios de España y Uruguay, con más de 4.000 escolares con edades entre 10 y 14 años. Con el modelo representativo, en seis municipios con una población menor representada de unos 75.000. Entre los aprendizajes extraídos de estas acciones, varias relacionan participación, inclusión y convivencia de forma notable.

En primer lugar, en los modelos de participación por representación se produce de forma natural una (auto) exclusión entre la población menor, al igual que sucede con la adulta. Individuos con un mayor liderazgo entre sus iguales o con mayor prestigio entre el profesorado, son más fácilmente mandatados o estimulados a participar. En los procedimientos en los que se opta por el voluntariado, nos encontramos con dinámicas de autoselección, por los que cada individuo se siente apelado o ajeno a la invitación a participar. En ambos casos, las personas menores más tímidas, menos reconocidas por su entorno o de rasgos menos normativos tendrán menos influencia en la deliberación.

Mediante diseños metodológicos que ciñen la participación a grupos de composición aleatoria (v.g. la clase) y el empleo de dinámicas en el aula que favorezcan rupturas con patrones y jerarquías previamente cementadas, se puede generar una pauta de inclusión democrática. En los estudios hechos en clases que participan en procesos de participación institucional con el enfoque descrito, se han observado modificaciones sustanciales en las relaciones intersujeto del grupo, con incremento de la integración de sujetos periféricos o aislados. Con edades entre 10 y 14 años, resulta sencillo trabajar en la formulación de propuestas propias, el intercambio de ideas y la construcción proyectos comunes. 

Un diseño de la intervención con el grupo escolar orientado a la inclusión y con perspectiva de género puede reducir sensiblemente la fragmentación del grupo que se da por inercia cultural entre niños y niñas, facilitando una deliberación más integradora. Nuestros estudios indican que con antelaciones a los procesos de participación, los varones muestran niveles de empoderamiento psicológico más elevados que los de ellas. La participación política y la capacidad de decisión eleva sustancialmente el empoderamiento de todo el grupo, pero especialmente el de las chicas que se equipara con el de sus compañeros.

Los grupos de NNA que participan en la política local incrementan sus conocimientos sobre la administración y su funcionamiento, se sienten más capaces de cambiar su realidad y confían más en que serán escuchados para poder influir. Se genera así un círculo virtuoso de fortalecimiento del grupo, con mayor integración de sus componentes, que además se acrecienta con el tiempo al implicarle en nuevos procesos deliberativos.

Algunas conclusiones

Como se ha señalado, el hecho de que la administración pública ponga en marcha los procedimientos necesarios para escuchar las voces de la población más joven es siempre un avance en la inclusión democrática. Además, la adopción de diseños metodológicos específicos que se fundamentan en la conformación de grupos aleatorios y dinámicas integradoras con enfoque de género, puede multiplicar el potencial inclusivo de la participación institucional. El hecho de que la población más joven se concentre en instituciones escolares hace que estas metodologías sean mucho más fáciles de aplicar que con la población adulta. 

Los grupos de composición aleatoria que participan de estos procesos generan dinámicas internas inclusivas e igualitarias, incrementan la confianza en su capacidad de intervenir en lo colectivo, todos ellos aspectos que mejoran la convivencia democrática. Estamos ante un proceso de pedagogía ciudadana cuyos resultados son visiblemente mejores que los que comúnmente observamos entre la población adulta, lo que debe llevarnos a profundizar en las reflexiones (desde Tonucci hasta la Nueva Agenda Urbana) que vinculan la calidad de la convivencia, la seguridad y la democracia con el mayor protagonismo de niñas, niños y adolescentes en nuestras sociedades. 

Nota: Este texto se presentó como ponencia en el 3er Foro Mundial de Ciudades y Territorios de Paz auspiciado por la Ciudad de México. Plenaria virtual Juventudes en la construcción de justicia y paz celebrado el 6 de octubre de 2020.

Fortalecer la democracia es una tarea urgente para la que necesitamos sumar fuerzas. Coglobal pone toda su energía en impulsar la transición hacia una democracia más participativa, experimentando con prácticas de participación en busca de fórmulas eficientes y replicables, poniendo el foco en la inclusión de los sectores de población tradicionalmente excluidos de las decisiones políticas. ¡Colabora para hacerlo posible!

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septiembre 4th, 2020

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